
Automatización de presupuestos y ofertas
La automatización de presupuestos conecta la petición del cliente, las reglas de precio y el documento final.
En una empresa de transformados metálicos o en una fundición, la parte que más horas se lleva sin producir nada suele ser la oficina técnica: presupuestar. Cada petición llega con un plano, un material y una cantidad, y alguien con experiencia dedica media mañana a calcular lo que ya calculó cincuenta veces. No vendemos software a medida para industria metalúrgica genérico: hacemos automatización de procesos en una fundición o en un taller de transformados, con software propio, sin licencias por usuario y con precio cerrado tras el diagnóstico.
El caso más claro: recoger la petición del cliente, sacar los datos del plano o del pliego, calcular sobre vuestros escandallos y devolver una oferta lista para revisar. La revisa una persona, siempre, pero parte de un documento hecho, no de una hoja en blanco.
Trazabilidad del pedido desde la oferta hasta el albarán, sin volver a teclear los mismos datos en tres sitios. Certificados de material y documentación de calidad que hoy se buscan por carpetas. Avisos cuando un pedido se sale de plazo o un precio de materia prima mueve el margen. Es digitalización de una empresa metalúrgica en la práctica: menos carpetas, menos WhatsApp con planos, más datos a mano cuando hacen falta.
No hacemos control de planta ni sensórica de máquina. Trabajamos en la capa administrativa y comercial, que es donde se pierde tiempo de gente cara y donde una automatización se paga sola.
Si presupuestáis muchas piezas o series al mes y siempre con la misma lógica.
Si cada trabajo es un proyecto único de ingeniería donde el criterio está en cada línea. Ahí automatizar no ahorra, estorba.

La automatización de presupuestos conecta la petición del cliente, las reglas de precio y el documento final.

Trabajamos con pymes en Madrid que tienen un proceso concreto que les cuesta dinero cada mes.

Cambiar de ERP es caro, lento y casi siempre innecesario: lo que suele fallar es lo que pasa alrededor.
El primer paso es un café de 30 minutos: nos cuentas el proceso que te está costando dinero y te decimos si tiene arreglo, con qué alcance y en cuánto tiempo. Si no lo tiene, también te lo decimos.